"No me han dejado solo, no; Estoy enfermo.
Ahora duermo con otro hombre, aunque él nunca sale de su cama.
Me mira. No se cómo los ojos de alguien pueden esconderse tan al fondo de la cara. Creo, que si se levantase de la cama, se le romperían las piernas.
Llora, ríe, canta, ronca, sopla, calla y se ahoga todas las noches.
Por las mañanas ya no decido a que hora me levanto. Tampoco decido qué almuerzo. Suerte que al menos puedo escoger la camisa.
Nada que decir del resto de comidas.
A veces me quejaba de los coches... ahora vivo entre sillas de ruedas.
He trabajado toda mi vida. Amado a mi mujer. Criado a mis hijos. Vengado mis cosas y mentido cuando ha hecho falta.
He levantado tanto carbón que mi columna está algo aplastada. Y una vez, llevar comida a casa me costó un dedo. Y la paz de mi madre, una guerra.
Qué espero?
Aquí estoy yo, allí ellos.
Cómo espera la gente que sonría? Cómo quieren que siga amando la vida? Cómo, abandonado? Cómo, solo? Cómo... cansado?
Ya no tengo energía, y la poca que pudiese quedarme, se la traga cada pañal, cada papilla, cada pastilla, cada silla, cada bastón, cada dentadura, cada caída, cada visita de 10 horas al hospital, cada ojo ciego, cada mente que ya no me acompaña, cada vez que me sacan de paseo.... cada vez que me devuelven.
-Pero sonríaaa!! si tiene una familia que le quiere!!-
-Pero si no está tan mal para la edad que tiene! He visto gente mas joven que usted mucho peor!!-
-Aiiixxxx... no diga esas cosas! con el día tan bonito que hace!-
Estoy cansado.
Pero no; Estoy enfermo
No necesito pastillas.
Estoy solo, no; Estoy enfermo"
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miércoles, 5 de octubre de 2016
miércoles, 29 de junio de 2016
Carta 22 - El pequeño Tim
"Tim era un niño como cualquier otro.
A sus 8 años todo en cuánto pensaba era en correr por los campos alrededor de su casa, jugar con las gallinas, comer galletas a escondidas y tratar de saltarse el colegio y las comidas con verduras.
Como cualquier otro, a Tim le gustaba alargar las noches todo lo posible hasta que sus párpados llegasen al fallo muscular y no quedarle otra que seguir la aventura mas allá de esta realidad.
Para él, su cama era en realidad un cuartel general, un avión, un barco pirata, y cada noche un mundo de posibilidades.
No es de extrañar, que a pies de su cama y en las cajoneras de los lados, hubieran guardadas todo tipo de "herramientas" , "armas" y esas cosas que por ahora no parecían tener una utilidad específica pero que, sabia, en su momento la tendría.
Y así fue, como después de huir en su coche de carreras de aquel terremoto que arrasó toda la cuidad, y salvando consigo a esa chica guapa tan parecida a alguna compañera de clase, Tim terminó su última aventura igual que todas las demás. Quedándose dormido en una postura que a ningún adulto le podría parecer cómoda.
Si Tim hubiera tenido un despertador en su mueblecillo hubiera podido saber que hora era.
Así que lo único que supo en cuánto a eso, era que aún era de noche cuando un suave temblor le despertó.
Intento imaginar que sería aquello, pero no se le ocurrió nada.
Un coche? un tigre? la guerra? un monstruo gigante come-niños que nadie creería que existía pero que ahora iba directo a su granja a por él porque ya no le quedaban niños en sus almacenes desde su última expedición?
Abrió el cajón donde sabía que guardaba medio prismático y fue directo a la ventana.
No vio nada. Y el temblor creció.
Entonces, algo empezó a iluminar su casa desde atrás, pasó por encima y siguió por delante medio cegándole con un luz azulada de una intensidad que le recordó la luz antiniebla del camión de su padre.
Finalmente, ese -objeto volador no identificado- se adentró en la zona boscosa de enfrente de casa para apagarse, cediendo con ello el temblor.
Seguramente, si su madre le hubiera tomado el pulso en ese momento habría llamado inmediatamente a una ambulancia. Parecía que se le fuera a salir el corazón del pecho. No daba crédito a lo que acababa de suceder.
Así que, habiendo pasado ya todo, dio media vuelta, se tumbó otra vez en la cama y se durmió.
....(puesclaroqueno)
Escopeteado, Tim se lió a abrir cajones y meter todo cuánto pudo en su mochila de explorador mientras su mente ya llevaba rato explorando en el bosque y calculando todas las posibilidades. Casi todas ellas, terminaban en vender lo que quiera que fuera eso, haciéndose rico, y comprando helados y juguetes en cantidades exageradas.
Una vez terminada la mochila, vestido con sus ropas de soldado, y linterna en mano (y su muñeco favorito en el bolsillo) Tim se saltó mas de 58 normas diferentes saliendo solo en mitad de la noche a perseguir una luz voladora azul.
Pasada la adrenalina inicial, cada paso que dio por el bosque, era una fuerte lucha contra el miedo que de repente sentía en ese oscuro lugar.
Y cuando apenas empezaba a pasarle la idea de abandonar, un olor de masmelou pasado por fuego empezó a llegarle.
Siguió el olor, y le llevó a un rincón llano, con un ligero cráter humeante al que le seguía un rastro que se adentraba en el bosque.
Era la hora de desenfundar las armas, así que sacó de su mochila la mini-pala de plástico con la que cavaba en el parque de la cuidad, y siguió el rastro.
Transcurridos varios, varios y varios metros, Tim empezó a escuchar el abrirse paso de "algo" o "alguien" o.."algo" por los matorrales, y tras apartar las últimas ramas, su linterna resplandeció sobre algo que hizo rebotar la luz como el metal reluciente a mediodía.
Bajó la luz al suelo, y ésta vez, el corazón se le paró (por lo cual, su madre también habría llamado a una ambulancia de haber estado allí).
Dados sus conocimientos como biólogo experto que era, no tardó en reconocer en frente suyo a un gigantesco escarabajo rinoceronte tan grande casi como la camioneta ranchera que tenían sus padres.
El bicho, lento y casi perezoso, seguía abriéndose paso por la maleza.
Tim volvió a iluminar al escarabajo, y pudo apreciar que su cubierta era cristalina, lisa, preciosa.
Era como cristal derretido que reflejaba todo su entorno como un espejo dando una sensación de invisibilidad.
Una Cabeza ancha y tosca, con un cuerno central mas grande que Tim.
Un cuerpo que parecía haber sido trazado por un maestro delineante, y seis patas gruesas y con pequeño pelillos que sin saber porque, le recordaban a un tanque militar.
Entonces pensó, que el tarro vacío de mermelada que llevaba en la mochila no serviría para capturar esa criatura.
Que hace un niño como él con algo como eso?
Solo pudo hacer una cosa. Seguirlo.
Tim anduvo durante horas arriba y abajo perdiéndose en el bosque siguiendo a su nuevo animal favorito que andaba tan lento, que hasta le daba tiempo ha sentarse unos minutillos mientras su amigo aún sin nombre, recorría metros. ¿Le habría visto siquiera?
Poco a poco, el cielo fue perdiendo su oscuridad, y a medida que se esclareció, una ligera llovizna empezó a regar el bosque, pero no a Tim, porque como explorador experto que era, ya sabía que debía llevar su chubasquero con él.
La lluvia cedió en su momento exacto. Y fue para cuando Tim y Rino cruzaban una pradera ente montañas. Y a ellos dos, se les unió el primer sol de la mañana.
El escarabajo se paro encima de una roca que sobresalía del campo. Y se quedó quieto.
Tim, observó como la luz del sol avanzaba dirección a ellos por el campo, hasta finalmente alcanzarlos.
Y entonces, ocurrió otro milagro.
Y es que, en un abrir y cerrar de ojos, tan pronto como la luz tocó la superficie mojada del escarabajo, un increíble arco iris se disparó hacia el cielo bañando los ojos de Tim de colores radiantes.
Tim dejó caerse al suelo para quedarse sentado en el suelo contemplando al escarabajo atónito. Iba totalmente en contra de lo que le habían enseñado! Los arco iris, salían de unas ollas llenas de oro!¡Pues no!
Y sin mas, la espalda del escarabajo se partió en dos y aparecieron inmensas alas transparentes que empezaron a aletear como si no hubiera un mañana, y el escarabajo despegó y desapareció en el cielo mucho antes de lo que a cualquiera le hubiera gustado.
Tim pasó sentado un buen rato, sin pensar en nada, en blanco.
Hasta que comprendió, que no lo quedaba otra que levantarse y volver a casa pues debía llegar a tiempo, para no perder el bus del cole.
Si, porque al fin y al cabo, había empezado un día como cualquier otro, y tocaba ir al cole como debía ir un niño. Uno como cualquier otro."
A sus 8 años todo en cuánto pensaba era en correr por los campos alrededor de su casa, jugar con las gallinas, comer galletas a escondidas y tratar de saltarse el colegio y las comidas con verduras.
Como cualquier otro, a Tim le gustaba alargar las noches todo lo posible hasta que sus párpados llegasen al fallo muscular y no quedarle otra que seguir la aventura mas allá de esta realidad.
Para él, su cama era en realidad un cuartel general, un avión, un barco pirata, y cada noche un mundo de posibilidades.
No es de extrañar, que a pies de su cama y en las cajoneras de los lados, hubieran guardadas todo tipo de "herramientas" , "armas" y esas cosas que por ahora no parecían tener una utilidad específica pero que, sabia, en su momento la tendría.
Y así fue, como después de huir en su coche de carreras de aquel terremoto que arrasó toda la cuidad, y salvando consigo a esa chica guapa tan parecida a alguna compañera de clase, Tim terminó su última aventura igual que todas las demás. Quedándose dormido en una postura que a ningún adulto le podría parecer cómoda.
Si Tim hubiera tenido un despertador en su mueblecillo hubiera podido saber que hora era.
Así que lo único que supo en cuánto a eso, era que aún era de noche cuando un suave temblor le despertó.
Intento imaginar que sería aquello, pero no se le ocurrió nada.
Un coche? un tigre? la guerra? un monstruo gigante come-niños que nadie creería que existía pero que ahora iba directo a su granja a por él porque ya no le quedaban niños en sus almacenes desde su última expedición?
Abrió el cajón donde sabía que guardaba medio prismático y fue directo a la ventana.
No vio nada. Y el temblor creció.
Entonces, algo empezó a iluminar su casa desde atrás, pasó por encima y siguió por delante medio cegándole con un luz azulada de una intensidad que le recordó la luz antiniebla del camión de su padre.
Finalmente, ese -objeto volador no identificado- se adentró en la zona boscosa de enfrente de casa para apagarse, cediendo con ello el temblor.
Seguramente, si su madre le hubiera tomado el pulso en ese momento habría llamado inmediatamente a una ambulancia. Parecía que se le fuera a salir el corazón del pecho. No daba crédito a lo que acababa de suceder.
Así que, habiendo pasado ya todo, dio media vuelta, se tumbó otra vez en la cama y se durmió.
....(puesclaroqueno)
Escopeteado, Tim se lió a abrir cajones y meter todo cuánto pudo en su mochila de explorador mientras su mente ya llevaba rato explorando en el bosque y calculando todas las posibilidades. Casi todas ellas, terminaban en vender lo que quiera que fuera eso, haciéndose rico, y comprando helados y juguetes en cantidades exageradas.
Una vez terminada la mochila, vestido con sus ropas de soldado, y linterna en mano (y su muñeco favorito en el bolsillo) Tim se saltó mas de 58 normas diferentes saliendo solo en mitad de la noche a perseguir una luz voladora azul.
Pasada la adrenalina inicial, cada paso que dio por el bosque, era una fuerte lucha contra el miedo que de repente sentía en ese oscuro lugar.
Y cuando apenas empezaba a pasarle la idea de abandonar, un olor de masmelou pasado por fuego empezó a llegarle.
Siguió el olor, y le llevó a un rincón llano, con un ligero cráter humeante al que le seguía un rastro que se adentraba en el bosque.
Era la hora de desenfundar las armas, así que sacó de su mochila la mini-pala de plástico con la que cavaba en el parque de la cuidad, y siguió el rastro.
Transcurridos varios, varios y varios metros, Tim empezó a escuchar el abrirse paso de "algo" o "alguien" o.."algo" por los matorrales, y tras apartar las últimas ramas, su linterna resplandeció sobre algo que hizo rebotar la luz como el metal reluciente a mediodía.
Bajó la luz al suelo, y ésta vez, el corazón se le paró (por lo cual, su madre también habría llamado a una ambulancia de haber estado allí).
Dados sus conocimientos como biólogo experto que era, no tardó en reconocer en frente suyo a un gigantesco escarabajo rinoceronte tan grande casi como la camioneta ranchera que tenían sus padres.
El bicho, lento y casi perezoso, seguía abriéndose paso por la maleza.
Tim volvió a iluminar al escarabajo, y pudo apreciar que su cubierta era cristalina, lisa, preciosa.
Era como cristal derretido que reflejaba todo su entorno como un espejo dando una sensación de invisibilidad.
Una Cabeza ancha y tosca, con un cuerno central mas grande que Tim.
Un cuerpo que parecía haber sido trazado por un maestro delineante, y seis patas gruesas y con pequeño pelillos que sin saber porque, le recordaban a un tanque militar.
Entonces pensó, que el tarro vacío de mermelada que llevaba en la mochila no serviría para capturar esa criatura.
Que hace un niño como él con algo como eso?
Solo pudo hacer una cosa. Seguirlo.
Tim anduvo durante horas arriba y abajo perdiéndose en el bosque siguiendo a su nuevo animal favorito que andaba tan lento, que hasta le daba tiempo ha sentarse unos minutillos mientras su amigo aún sin nombre, recorría metros. ¿Le habría visto siquiera?
Poco a poco, el cielo fue perdiendo su oscuridad, y a medida que se esclareció, una ligera llovizna empezó a regar el bosque, pero no a Tim, porque como explorador experto que era, ya sabía que debía llevar su chubasquero con él.
La lluvia cedió en su momento exacto. Y fue para cuando Tim y Rino cruzaban una pradera ente montañas. Y a ellos dos, se les unió el primer sol de la mañana.
El escarabajo se paro encima de una roca que sobresalía del campo. Y se quedó quieto.
Tim, observó como la luz del sol avanzaba dirección a ellos por el campo, hasta finalmente alcanzarlos.
Y entonces, ocurrió otro milagro.
Y es que, en un abrir y cerrar de ojos, tan pronto como la luz tocó la superficie mojada del escarabajo, un increíble arco iris se disparó hacia el cielo bañando los ojos de Tim de colores radiantes.
Tim dejó caerse al suelo para quedarse sentado en el suelo contemplando al escarabajo atónito. Iba totalmente en contra de lo que le habían enseñado! Los arco iris, salían de unas ollas llenas de oro!¡Pues no!
Y sin mas, la espalda del escarabajo se partió en dos y aparecieron inmensas alas transparentes que empezaron a aletear como si no hubiera un mañana, y el escarabajo despegó y desapareció en el cielo mucho antes de lo que a cualquiera le hubiera gustado.
Tim pasó sentado un buen rato, sin pensar en nada, en blanco.
Hasta que comprendió, que no lo quedaba otra que levantarse y volver a casa pues debía llegar a tiempo, para no perder el bus del cole.
Si, porque al fin y al cabo, había empezado un día como cualquier otro, y tocaba ir al cole como debía ir un niño. Uno como cualquier otro."
sábado, 17 de mayo de 2014
Carta 17 - Estúpido marinero
https://www.youtube.com/watch?v=_3ChtuPdJzM
"Nada estúpido, nada.
¿Qué mas dá tragar un poco mas?
Tu Capitán sigue en el fondo del mar,
creyendo que aún puede salvar.
Mira las botellas de cristal,
aun envía mensajes de socorro,
bengalas bajo el agua, gritos en burbujas,
lágrimas secas que ya no mojan el mar.
Demasiado quisiste esperar. Subestimaste al mal.
Y ahora nada estúpido, nada, que algún día terminará el mar."
lunes, 18 de noviembre de 2013
Carta 13 - La mayor desgracia
"Andaba cabizbajo observando las granuladas piezas de roca roja que formaban el suelo del andén.
Inmerso en el anonimato del cuello alto de mi anorak y la capucha baja, observo a quienes están en el andén de enfrente, y pienso, que todos ellos son otros seres con otras vidas.
Otras experiencias, otros gustos, otros conocidos, otras metas... todos juntos, y tan separados.
Y le ví.
Sentado. Mirada ausente.
Cubierto en su capucha pensaba algo que solo el sabe. Aún y con el fuerte viento azotando rostros y mojando con alguna gota allí estaba. Quieto. Observando átomos.
Se levanta.
Con una mirada aún despistada juega a mantener el equilibrio a lo largo de una fina linea.
Cerca de la vía.
Se para.
Su vista se fija en las vías un instante, y luego, se pierde de nuevo.
Le veo. Deja sus ojos muertos, abiertos como puertas para que cualquiera pueda ver en que piensa su mente; para lo que se está preparando.
Mira a su izquierda.
Espera el tren. Pero no lo espera como los demás. Lo espera.
En su mente se dibujan sentimientos visibles en sus recientes balanceos nerviosos.
En su vista ahora inquieta que mira a la muchedumbre con miedo.
Se ve llegar el tren.
Saca las manos de los bolsillos. Se ajusta la mochila. Mira a su alrededor. Se seca las manos en el pantalón. Se las mete en los bolsillos. Se las saca.
El tren está a 200 metros.
Sus pensamientos fluyen por su figura. A llegado la hora. Ahí está.
El tren pasa a los 100 metros.
Recuerda todo aquello que le ha llevado al andén.
A esperar el tren y vuelve a mirar alrededor nervioso.
70 metros.
Miedo. Mucho miedo.
40 metros.
Empieza a balancear el cuerpo adelante y atrás. Mide la caída inconscientemente.
26 metros.
Mira alrededor frenético. ¡¿Y si alguien trata de pararle?!
14 metros.
¡NO!¡NO!¡Hay que hacerlo!¡Hay que hacerlo!
5 metros.....
Y el tren me pasa por enfrente. No veo al chico.
Siento el temblor del suelo en mis piernas, y el sonar de los motores en mi pecho.
El tren para. Se escucha el abrir y cerrar de las puertas, y los motores se vuelven a poner en marcha.
El tren se aleja del andén.
5 metros...
14 metros...
26 metros...
Y allí está el.
Como una estatua de piedra impasible al viento.
Su mirada no esta mirando. Ni si quiera está perdida. Su mirada mira hacia adentro con los ojos bien abiertos.
Y es que esa es la realidad chico. Ese eres tu, amigo.
Llega mi tren. Para enfrente mío, entro, y me siento en la ventanilla echando la última mirada al muchacho.
No tienes valor para vivir.
Pero tampoco para morir.
Ese eres tu, amigo.
Y esa es tu desgracia."
martes, 25 de junio de 2013
Carta 11 - El día llegará
"El dia llegará,
en que habiendo crecido en nuestros años,
mengüemos en talla y aumentemos en daños.
En que nuestra cerviz se endurezca,
Nuestra columna se doble,
En que no halla quien nos convenza,
y los mas suertudos, veamos doble.
Cualquier imprevisto nos será molesto,
y las contradicciones inaceptables.
Los bancos serán nuestros mejores amigos,
y los niños, recuerdos afables.
Llegará amigo el día,
en que renunciemos a tiempos mejores.
Llegará amigo el día,
en que nos hagamos mayores."
-Joctán M.
en que habiendo crecido en nuestros años,
mengüemos en talla y aumentemos en daños.
En que nuestra cerviz se endurezca,
Nuestra columna se doble,
En que no halla quien nos convenza,
y los mas suertudos, veamos doble.
Cualquier imprevisto nos será molesto,
y las contradicciones inaceptables.
Los bancos serán nuestros mejores amigos,
y los niños, recuerdos afables.
Llegará amigo el día,
en que renunciemos a tiempos mejores.
Llegará amigo el día,
en que nos hagamos mayores."
-Joctán M.
jueves, 21 de marzo de 2013
Carta 9 - Historieta 5
"Corre lobo, corre.
No existían humanos. Si queremos un mundo de fantasía agradable no deben haberlos.
Todo cuánto ocupaba la faz de la tierra era un sin fin de bosques de todos los tipos, de todos los colores. Valles interminables, ríos, lagos, mares y océanos de aguas cristalinas y un sol rodeado de un gran cielo azul lleno de nubes blancas que solo dejaba su trono para darle paso a una gran luna llena blanca con sus incontables siervos las estrellas, de todos los colores y tamaños.
Montes tan altos, que a veces partían las nubes. Con cumbres blancas.
Incluso cuando llovía, el cielo no dejaba su belleza para convertirse en un manto gris, como nos ocurre a nosotros.
No existia ni una sola especie extinta, todas estaban allí. No existían carnívoros, ni herbívoros, su alimentación era mas compleja e inimaginable que eso. Sus vidas tenían propósitos, el mayor; gozar de su fantástico mundo. Cada animal, conforme a su especie.
Incluso los animales mas solitarios se rodeaban de otros de su misma especie y de diferentes, no había motivos para la separación. Todos eran la gran familia.
Tan solo había un animal solitario. Un lobo.
Su visión era diferente, el quería explorar e ir por todos lados. Correr de día y aullar de noche, correr de noche y aullar de día.
Su anhelo era el de alcanzar la libertad. Y corría, corría por todo el mundo sin descanso tras algo que no acababa de identificar. Nunca estaba suficiente tiempo en ningún lugar, como para que todos los habitantes de la zona se enteraran. Por eso, en muchos de los lugares en los que estuvo, su paso por allí a muchos les parecía mas una leyenda que un hecho. Y dudarían incluso de su existencia si no fuera por sus aullidos.
Muchos de los demás animales le tenían por un loco, sus "hazañas" muchas veces eran las historias que contaban las bestias entre ellas. Los árboles, tendidos como una gran red le veían allá donde iba. Extendían entre ellos las historias y así llegaba a oídos de todos. Era casi una leyenda, y el oír sus aullidos solitarios durante la noche provocaba entusiasmo en muchos.
En lo alto de un peñasco se encontraba aquel día, cuando alguien se le acerco. Eso era extraño de por si, aún cuando muchos le habían visto y le reconocieron, y sabiendo incluso las perdices que no había peligro en el acercarse al lobo, todos se quedaban distantes, observando a la casi leyenda.
Su respiración era algo acelerada, acababa de recorrer muchos kilómetros corriendo entre los árboles y saltando por las rocas.
Se giro con curiosidad por ver quien osó acercarse a el, aunque el lobo nunca hubiese mostrado el deseo de algo contrario.
Era grande, con plumas. Tenía dos grandes ojos con unas pupilas negras y profundas. Su aspecto era corpulento. Sus plumas estaban teñidas de colores grisáceos de fondo, con zonas marrones al inicio de éstas, algo de blanco e incluso motas de un tono amarillento. En su cuerpo también había negro alrededor de sus ojos, y dos cejas largas que llegaban mas allá del radio de su cabeza, que parecían mas pelo que pluma, no, no era pluma.
Su cabeza era ancha y grande aposentada firmemente sobre unos hombros que no se veían.
Ancho pecho con un blanco radiante y unas patas anchas y firmes con un pelaje de un tono marrón suave tirando a amarillo mate.
Su cola era grande y dificilmente descriptible. Pero una cosa era segura, era el mejor final que el cuerpo de un animal pudiera tener.
Se acerco y se colocó a su lado. Enfrente, tenían un gran valle donde leopardos competían con aves y velociraptors por ver quien era mas veloz. Los elefantes se refrescaban en el agua con los hipopótamos y los cocodrilos tomaban en sol. Un par de viejos diplodocus debatían sobre la altura que llegaría a tener un joven árbol aún en fases de crecimiento. Estaban seguros que vivirían los suficiente para verlo.
Las gacelas corrían... los Parasaulorofus dormían...
- He escuchado tus historias, he visto tus pisadas, he oído tus aullidos- Dijo el ave.
El lobo no dijo nada, no había sido una pregunta ¿Qué iba a contestar?.
-Muchos oyen en tus aullidos valentía, fuerza, aventura, intriga... Yo oigo dolor.
Un fuerte espasmo golpeó el corazón del lobo, que, con los ojos bien abiertos, clavó su mirada en el ave.
-Muchos son los rumores que cuentan el porqué de tus viajes. Muchos relatan que eres un alma libre que hace cuánto le place, un alma libre. Creen ver que tu vida es casi una leyenda, que tus viajes están llenos de auto realización y los pequeños, sueñan con ser como tu.
Yo veo... un alma en pena. - Hico una pausa y le miró- ¿Por qué corres lobo?
Tras la pregunta, los ojos del lobo que aún miraban a aquel extraño se volvieron vacíos. Ya no miraban lo que tenía delante suyo, ahora buscaban una respuesta en su interior. Aquel ave no le estaba acusando, no le estaba echando bronca, no intentaba ridiculizarlo. Todo lo contrario, la profunda y grave voz desprendía una sabiduría y un propósito mucho mas noble que eso. Sin decirlo, la voz del ave le contaba que tenía algo que decir. Por ello el lobo no hablaba, solo escuchaba con una fuerte intriga por oír lo que esa vieja ave tenía que decirle.
-Corro porque busco... busco, algo.- Intentó contestar el lobo.
-¿Y que es eso que buscas?- Preguntó el ave
-No... no estoy seguro. Quise ser libre, tan solo eso, disfrutar de la brisa del bosque, de beber el refrescante agua de los arroyos tras correr bajo el sol. Vivir aventuras, conocer mundo...
Al menos eso era por lo que decidí salir en mi juventud.
El búho rió. Desvió la mirada al valle de nuevo, observándolo todo con sus grandes ojos.
-Tus pisadas a toda prisa, corren por otro motivo... te mueves inquieto...
Lobo:
No hay peor mal, que correr sin un destino. Eso es vagar.
No hay peor sensación que buscar sin saber el que. Eso es desesperación.
No hay peor sentimiento que el querer llenar un vacío, sin saber como. Eso es locura.
Todo ser debe tener sus momentos a solas consigo mismo, si. Todos tenemos que sentirnos a gusto aún cuando estemos solos, eso es el bienestar.
Pero todo ser, debe rodearse de criaturas y estar en comunión. Nadie quiere estar solo amigo, eso no está en nuestra naturaleza.
No hay mejor cosa que estar rodeado de seres queridos.
No hay mejor vida que vivir tus grandes momentos junto a alguien especial.
No hay nada mejor que una fuerte y gran comunión con todos los seres y con la naturaleza.
El poder salir a correr durante días y ver mundo para luego volver y poder contárselo a alguien.
El conocer a nuevas criaturas y tener el motivo de reencontrase con ellas para viajar.
El descubrir maravillas de nuestro mundo para mostrarlas a los demás.
Mas tu nunca paras, corres y corres...
Estás lleno de experiencias mas, ¿Ante quien las presumirás?
Estás lleno de conocimiento mas ¿A quien lo enseñarás?
Estas lleno de vida mas ¿Con quien la compartirás?
Mejor le es a un preso estar en una prisión donde su estancia tiene un propósito, una razón, que el preso que escapa y huye para luego darse cuenta que nada ni nadie le espera fuera.
Lobo, el vacío que sientes es el espacio que ocupan los demás seres en nosotros. El espacio que llena el saber que no estás solo.
Es realmente casi indescriptible el recorrer mundo y vivir tantas experiencias pero, ¿Que sentido tiene correr si luego no tienes un lugar al que volver?
Vuelve lobo, vuelve de donde partiste si aún lo recuerdas. Rodéate con las demás almas con tus historias.
Viaja si quieres por el mundo, y en cada región cuéntales lo que hay al otro lado de las montañas. Reta a los árboles a contar tu historia en los valles por ti mismo, antes que ellos puedan hacerla llegar.
Comparte lobo, descarga.
Llevas encima un gran tesoro, pero no tienes nadie a quien venderlo, nadie a quien regalarlo, por lo cual tu tesoro no es otra cosa que una gran carga, una pesada carga.
Quizás eso sea lo que te queda de leyenda.
Corre lobo, corre."
No existían humanos. Si queremos un mundo de fantasía agradable no deben haberlos.
Todo cuánto ocupaba la faz de la tierra era un sin fin de bosques de todos los tipos, de todos los colores. Valles interminables, ríos, lagos, mares y océanos de aguas cristalinas y un sol rodeado de un gran cielo azul lleno de nubes blancas que solo dejaba su trono para darle paso a una gran luna llena blanca con sus incontables siervos las estrellas, de todos los colores y tamaños.
Montes tan altos, que a veces partían las nubes. Con cumbres blancas.
Incluso cuando llovía, el cielo no dejaba su belleza para convertirse en un manto gris, como nos ocurre a nosotros.
No existia ni una sola especie extinta, todas estaban allí. No existían carnívoros, ni herbívoros, su alimentación era mas compleja e inimaginable que eso. Sus vidas tenían propósitos, el mayor; gozar de su fantástico mundo. Cada animal, conforme a su especie.
Incluso los animales mas solitarios se rodeaban de otros de su misma especie y de diferentes, no había motivos para la separación. Todos eran la gran familia.
Tan solo había un animal solitario. Un lobo.
Su visión era diferente, el quería explorar e ir por todos lados. Correr de día y aullar de noche, correr de noche y aullar de día.
Su anhelo era el de alcanzar la libertad. Y corría, corría por todo el mundo sin descanso tras algo que no acababa de identificar. Nunca estaba suficiente tiempo en ningún lugar, como para que todos los habitantes de la zona se enteraran. Por eso, en muchos de los lugares en los que estuvo, su paso por allí a muchos les parecía mas una leyenda que un hecho. Y dudarían incluso de su existencia si no fuera por sus aullidos.
Muchos de los demás animales le tenían por un loco, sus "hazañas" muchas veces eran las historias que contaban las bestias entre ellas. Los árboles, tendidos como una gran red le veían allá donde iba. Extendían entre ellos las historias y así llegaba a oídos de todos. Era casi una leyenda, y el oír sus aullidos solitarios durante la noche provocaba entusiasmo en muchos.
En lo alto de un peñasco se encontraba aquel día, cuando alguien se le acerco. Eso era extraño de por si, aún cuando muchos le habían visto y le reconocieron, y sabiendo incluso las perdices que no había peligro en el acercarse al lobo, todos se quedaban distantes, observando a la casi leyenda.
Su respiración era algo acelerada, acababa de recorrer muchos kilómetros corriendo entre los árboles y saltando por las rocas.
Se giro con curiosidad por ver quien osó acercarse a el, aunque el lobo nunca hubiese mostrado el deseo de algo contrario.
Era grande, con plumas. Tenía dos grandes ojos con unas pupilas negras y profundas. Su aspecto era corpulento. Sus plumas estaban teñidas de colores grisáceos de fondo, con zonas marrones al inicio de éstas, algo de blanco e incluso motas de un tono amarillento. En su cuerpo también había negro alrededor de sus ojos, y dos cejas largas que llegaban mas allá del radio de su cabeza, que parecían mas pelo que pluma, no, no era pluma.
Su cabeza era ancha y grande aposentada firmemente sobre unos hombros que no se veían.
Ancho pecho con un blanco radiante y unas patas anchas y firmes con un pelaje de un tono marrón suave tirando a amarillo mate.
Su cola era grande y dificilmente descriptible. Pero una cosa era segura, era el mejor final que el cuerpo de un animal pudiera tener.
Se acerco y se colocó a su lado. Enfrente, tenían un gran valle donde leopardos competían con aves y velociraptors por ver quien era mas veloz. Los elefantes se refrescaban en el agua con los hipopótamos y los cocodrilos tomaban en sol. Un par de viejos diplodocus debatían sobre la altura que llegaría a tener un joven árbol aún en fases de crecimiento. Estaban seguros que vivirían los suficiente para verlo.
Las gacelas corrían... los Parasaulorofus dormían...
- He escuchado tus historias, he visto tus pisadas, he oído tus aullidos- Dijo el ave.
El lobo no dijo nada, no había sido una pregunta ¿Qué iba a contestar?.
-Muchos oyen en tus aullidos valentía, fuerza, aventura, intriga... Yo oigo dolor.
Un fuerte espasmo golpeó el corazón del lobo, que, con los ojos bien abiertos, clavó su mirada en el ave.
-Muchos son los rumores que cuentan el porqué de tus viajes. Muchos relatan que eres un alma libre que hace cuánto le place, un alma libre. Creen ver que tu vida es casi una leyenda, que tus viajes están llenos de auto realización y los pequeños, sueñan con ser como tu.
Yo veo... un alma en pena. - Hico una pausa y le miró- ¿Por qué corres lobo?
Tras la pregunta, los ojos del lobo que aún miraban a aquel extraño se volvieron vacíos. Ya no miraban lo que tenía delante suyo, ahora buscaban una respuesta en su interior. Aquel ave no le estaba acusando, no le estaba echando bronca, no intentaba ridiculizarlo. Todo lo contrario, la profunda y grave voz desprendía una sabiduría y un propósito mucho mas noble que eso. Sin decirlo, la voz del ave le contaba que tenía algo que decir. Por ello el lobo no hablaba, solo escuchaba con una fuerte intriga por oír lo que esa vieja ave tenía que decirle.
-Corro porque busco... busco, algo.- Intentó contestar el lobo.
-¿Y que es eso que buscas?- Preguntó el ave
-No... no estoy seguro. Quise ser libre, tan solo eso, disfrutar de la brisa del bosque, de beber el refrescante agua de los arroyos tras correr bajo el sol. Vivir aventuras, conocer mundo...
Al menos eso era por lo que decidí salir en mi juventud.
El búho rió. Desvió la mirada al valle de nuevo, observándolo todo con sus grandes ojos.
-Tus pisadas a toda prisa, corren por otro motivo... te mueves inquieto...
Lobo:
No hay peor mal, que correr sin un destino. Eso es vagar.
No hay peor sensación que buscar sin saber el que. Eso es desesperación.
No hay peor sentimiento que el querer llenar un vacío, sin saber como. Eso es locura.
Todo ser debe tener sus momentos a solas consigo mismo, si. Todos tenemos que sentirnos a gusto aún cuando estemos solos, eso es el bienestar.
Pero todo ser, debe rodearse de criaturas y estar en comunión. Nadie quiere estar solo amigo, eso no está en nuestra naturaleza.
No hay mejor cosa que estar rodeado de seres queridos.
No hay mejor vida que vivir tus grandes momentos junto a alguien especial.
No hay nada mejor que una fuerte y gran comunión con todos los seres y con la naturaleza.
El poder salir a correr durante días y ver mundo para luego volver y poder contárselo a alguien.
El conocer a nuevas criaturas y tener el motivo de reencontrase con ellas para viajar.
El descubrir maravillas de nuestro mundo para mostrarlas a los demás.
Mas tu nunca paras, corres y corres...
Estás lleno de experiencias mas, ¿Ante quien las presumirás?
Estás lleno de conocimiento mas ¿A quien lo enseñarás?
Estas lleno de vida mas ¿Con quien la compartirás?
Mejor le es a un preso estar en una prisión donde su estancia tiene un propósito, una razón, que el preso que escapa y huye para luego darse cuenta que nada ni nadie le espera fuera.
Lobo, el vacío que sientes es el espacio que ocupan los demás seres en nosotros. El espacio que llena el saber que no estás solo.
Es realmente casi indescriptible el recorrer mundo y vivir tantas experiencias pero, ¿Que sentido tiene correr si luego no tienes un lugar al que volver?
Vuelve lobo, vuelve de donde partiste si aún lo recuerdas. Rodéate con las demás almas con tus historias.
Viaja si quieres por el mundo, y en cada región cuéntales lo que hay al otro lado de las montañas. Reta a los árboles a contar tu historia en los valles por ti mismo, antes que ellos puedan hacerla llegar.
Comparte lobo, descarga.
Llevas encima un gran tesoro, pero no tienes nadie a quien venderlo, nadie a quien regalarlo, por lo cual tu tesoro no es otra cosa que una gran carga, una pesada carga.
Quizás eso sea lo que te queda de leyenda.
Corre lobo, corre."
jueves, 14 de marzo de 2013
Carta 8 - Historieta 4
"En medio de la batalla, esquivando las espadas,
el paje de armas trataba de avanzar aunque no tenía claro donde quería llegar.
Si retrocedía hasta donde la batalla no llegaba aún, temía que los altos mandos le ejecutaran
por no haber muerto junto a su caballero.
Pero la muerte también estaba asegurada en líneas enemigas.
Según los "códigos de valor", un acción noble habría sido dejarse caer sobre su espada y morir junto a su señor.
Pero algo se lo impedía. Quizás tuviese algo mejor que hacer.
Arriba y abajo, de Este a Oeste. No te pares.
Tenía la sensación que estaba mas seguro andando. Así ningún soldado le vería parado sintiendo
la tentación de atacarle.
De todos modos, dos cosas le protegían:
1- Pocos osaban atacar a los pajes de armas, por temor a que su señores estuviesen cerca, como sería normal, y pasar por el mal trago de pelear contra un noble diestro en la batalla.
2- Un paje de armas no era muy significante. Era preferible blandir la espada contra algo mas peligroso para la bandera de uno, contra un soldado enemigo.
Como mínimo tenía la seguridad de no ser alcanzado por ninguna saeta.
Ningún comandante ordenaba a sus arqueros disparar al aire cuando la batalla ya había empezado y soldados de ambos bandos estaban entrelazados en el campo.
Al menos, no uno civilizado.
El suelo estaba impregnado de sangre, sangre derramada. Era algo típico que las botas de los soldados acabaran oxidándose a causa de ella.
Por eso, existían unos rangos imaginarios que otorgaban mayor prestigio a un soldado según la altura de oxidación en sus botas.
Incluso algunos novatos, oxidaban adrede sus botas con agua. Pero cualquier soldado medio veterano sabía ver la diferencia... no era el mismo óxido. No era el mismo rojo.
Tras algunas horas vagabundeando por la batalla, llegó a una roca bajo la cual descansaba un soldado enemigo herido.
Entre su escaso equipaje el soldado portaba una cantimplora de piel con agua que había sobrevivido a las espadas.
Ambos se miraron. El paje de armas pensó en matar al soldado herido para conseguir el agua, es lo que habría hecho su señor.
Pero el no era su señor. Recordó que en tenía algunas vendas, una aguja de hierro y algo de hilo de tripa para coser algunas heridas que pudiese sufrir su señor.
-¿Aún conserva agua tu cantimplora?- Preguntó
-¿Depende mi vida de ello?- Respondió el soldado
- Podría ser
- Puede que esté herido paje, mas mi espada sigue ceñida en mi mano. Mis dedos llevan horas sin poder abrirse. Aún podría ensañarme una última vez- Aún herido, el soldado no se rebajo ante lo que parecía una amenaza, y menos de un paje de armas.
- Se que pelearás hasta morir, y no tendrás reparo en matarme si cogiese contra ti una espada perdida en el suelo, mas no soy yo quien te quitara la vida, si no esa herida que tienes en el costado. Tengo algo de hilo para coser a mi señor que podría utilizar. Mi amo no lo necesitará ya.
- ¿Crees que lograrás engañarme? en cuánto te permita acercarte atentaras contra mi vida. Aún un osado paje tendría el valor de meter su puño por mi herida y arrancarme el corazón.
- No ganaría nada, tan solo ensuciarme el brazo con sangre ajena. Y no es mi deseo derramar mas sangre. Tan solo quiero beber un poco de agua, por favor.
La mirada del soldado cambió. Como si algo le hubiese conmovido.
Con movimientos precisos desató su cantimplora y la lanzó al paje.
Bebió, pero no toda. Reservó algo de agua.
Se acercó con cautela al soldado, muy extrañado. Posicionó al soldado con el costado herido hacía arriba, lavó la herida con un poco de agua y suturó como pudo el profundo corte.
- Ya está.
- Gracias.
- Siento preguntarlo pero ¿porque me has dejado beber de tu agua si no era tu intención?¿Y porque tirármela a distancia? podría habérmela bebido toda y marcharme dejándote a tu suerte...
El Paje se sentó junto al soldado, de repente sentía una extraña sensación de seguridad.
- ¿Ves toda esta batalla? Juré que defendería mi pueblo de los enemigos. Juré ser leal, pelear por el honor de mi patria y por la justicia, por lo que es correcto. Creía que mis ejércitos batallaban por el bien. Que nuestros comandantes eran personas sabias y rectas. Mas ahora todos se matan por nada...
- ¿Se matan por nada?
- Se matan por no saber apartar el orgullo. Pelean, porque no supieron pedir la cosas "por favor"."
el paje de armas trataba de avanzar aunque no tenía claro donde quería llegar.
Si retrocedía hasta donde la batalla no llegaba aún, temía que los altos mandos le ejecutaran
por no haber muerto junto a su caballero.
Pero la muerte también estaba asegurada en líneas enemigas.
Según los "códigos de valor", un acción noble habría sido dejarse caer sobre su espada y morir junto a su señor.
Pero algo se lo impedía. Quizás tuviese algo mejor que hacer.
Arriba y abajo, de Este a Oeste. No te pares.
Tenía la sensación que estaba mas seguro andando. Así ningún soldado le vería parado sintiendo
la tentación de atacarle.
De todos modos, dos cosas le protegían:
1- Pocos osaban atacar a los pajes de armas, por temor a que su señores estuviesen cerca, como sería normal, y pasar por el mal trago de pelear contra un noble diestro en la batalla.
2- Un paje de armas no era muy significante. Era preferible blandir la espada contra algo mas peligroso para la bandera de uno, contra un soldado enemigo.
Como mínimo tenía la seguridad de no ser alcanzado por ninguna saeta.
Ningún comandante ordenaba a sus arqueros disparar al aire cuando la batalla ya había empezado y soldados de ambos bandos estaban entrelazados en el campo.
Al menos, no uno civilizado.
El suelo estaba impregnado de sangre, sangre derramada. Era algo típico que las botas de los soldados acabaran oxidándose a causa de ella.
Por eso, existían unos rangos imaginarios que otorgaban mayor prestigio a un soldado según la altura de oxidación en sus botas.
Incluso algunos novatos, oxidaban adrede sus botas con agua. Pero cualquier soldado medio veterano sabía ver la diferencia... no era el mismo óxido. No era el mismo rojo.
Tras algunas horas vagabundeando por la batalla, llegó a una roca bajo la cual descansaba un soldado enemigo herido.
Entre su escaso equipaje el soldado portaba una cantimplora de piel con agua que había sobrevivido a las espadas.
Ambos se miraron. El paje de armas pensó en matar al soldado herido para conseguir el agua, es lo que habría hecho su señor.
Pero el no era su señor. Recordó que en tenía algunas vendas, una aguja de hierro y algo de hilo de tripa para coser algunas heridas que pudiese sufrir su señor.
-¿Aún conserva agua tu cantimplora?- Preguntó
-¿Depende mi vida de ello?- Respondió el soldado
- Podría ser
- Puede que esté herido paje, mas mi espada sigue ceñida en mi mano. Mis dedos llevan horas sin poder abrirse. Aún podría ensañarme una última vez- Aún herido, el soldado no se rebajo ante lo que parecía una amenaza, y menos de un paje de armas.
- Se que pelearás hasta morir, y no tendrás reparo en matarme si cogiese contra ti una espada perdida en el suelo, mas no soy yo quien te quitara la vida, si no esa herida que tienes en el costado. Tengo algo de hilo para coser a mi señor que podría utilizar. Mi amo no lo necesitará ya.
- ¿Crees que lograrás engañarme? en cuánto te permita acercarte atentaras contra mi vida. Aún un osado paje tendría el valor de meter su puño por mi herida y arrancarme el corazón.
- No ganaría nada, tan solo ensuciarme el brazo con sangre ajena. Y no es mi deseo derramar mas sangre. Tan solo quiero beber un poco de agua, por favor.
La mirada del soldado cambió. Como si algo le hubiese conmovido.
Con movimientos precisos desató su cantimplora y la lanzó al paje.
Bebió, pero no toda. Reservó algo de agua.
Se acercó con cautela al soldado, muy extrañado. Posicionó al soldado con el costado herido hacía arriba, lavó la herida con un poco de agua y suturó como pudo el profundo corte.
- Ya está.
- Gracias.
- Siento preguntarlo pero ¿porque me has dejado beber de tu agua si no era tu intención?¿Y porque tirármela a distancia? podría habérmela bebido toda y marcharme dejándote a tu suerte...
El Paje se sentó junto al soldado, de repente sentía una extraña sensación de seguridad.
- ¿Ves toda esta batalla? Juré que defendería mi pueblo de los enemigos. Juré ser leal, pelear por el honor de mi patria y por la justicia, por lo que es correcto. Creía que mis ejércitos batallaban por el bien. Que nuestros comandantes eran personas sabias y rectas. Mas ahora todos se matan por nada...
- ¿Se matan por nada?
- Se matan por no saber apartar el orgullo. Pelean, porque no supieron pedir la cosas "por favor"."
lunes, 11 de marzo de 2013
Carta 7 - Historieta 3
7x3= 22.
"Hay veces que apetece cambiar el asfalto por tierra.
Sintió ese impulso, así que asió su mochila, un bocata y algo de beber y empezó su camino hacía aquellas protuberancias verdes que se veían entre esos bastos cubos llamados edificios.
El pobre civil se sentía aventurero. Creía que iba a respirar aire mas puro.
Las cuestas en la montaña hiciéronse notorias, y mas, con el calor del radiante sol.
Las brisas eran escasas, como los comerciales honrados.
Aunque el lo asimilara a un Everest, dada la poca altura de aquél monte no tardó mucho en llegar al punto mas alto, donde un camino rural se extendía por el lomo de aquel montón de tierra.
Ese camino le dio la sensación de seguir aún en una zona civilizada. Así que decidió perderse.
Tras un buen rato de duras batallas contra los salvajes matojos, y algún que otro supuesto oso que al final no fue mas que un gorrión entre la maleza, llegó a un claro no muy grande, pero lo suficiente para dar cabida a un árbol que no lograba identificar. Lo mas científico que conocía era "Césped".
El árbol ofrecía una tentadora sombra que no pudo rechazar.
Se sentó, y se quedó observando la ciudad. Tan ordenada en los mapas municipales... tan caótica desde allí.
De repente, alguien que parecía estar yacido a su lado preguntó:
-¿Que ves?
Se exaltó, dado que creía que ningún otro ser humano hubiera osado cruzar la selva en la que el anduvo.
Y efectivamente, no había nadie mas. Tan solo, un árbol.
No sabía el porqué, pero aquella pregunta se coló en su mente como a un reto que debía contestar.
-Veo, una ciudad grande. Llena de edificios... Con coches, y...-
Tenía el deseo de soltar una buena presentación de aquella ciudad pero, aún llena de tantas cosas, de repente pasó a ser algo muy lleno enormemente vacío.
La voz se escuchó de nuevo:
- Hubo una época, en la que vivíais entre nosotros. Vuestras casas eran hechas de nuestras ramas y vuestros techos de nuestras hojas. Os alimentabais de nuestra madre tierra, como nosotros.
Vuestros hijos escalaban por mi cuerpo aunque les costara una regañina por parte de vuestras hembras.
Nuestras raíces sobre-salidas eran vuestros bancos, y en algunos mediodías, vuestras camas.
Erais admirables. Hasta tallabais y doblabais nuestras maderas creando extraños artefactos que producían unos sonidos que nos impulsaban a crecer mas rápido y esbeltos. Los pájaros cantaban con vosotros.
Nunca imaginamos que realmente no pertenecíais a nuestro ecosistema.
Como quien observa un sonido en el aire, el hombre aún digería esas palabras y su ciudad, cada vez tenía menos sentido. No sabía el porqué, pero tubo que lanzar una pregunta al aire:
-¿Y qué ves tu entonces?
-Mira a la derecha, ¿Ves aquellos tres edificios tan altos?- Dijo esa voz.
-Los veo- Respondió el hombre fijando su vista en ellos.
-Veo un antiguo valle donde los ciervos pastaban junto a los adormilados caballos. ¿Ves aquél centro comercial de las luces rojas en el centro?
-¿Qué es?- Preguntó el hombre aún con mas intriga.
-Es antiguo río. Reino de los salmones y tortugas. Zona de reposo de las aves. Agua de donde bebía toda alimaña, incluidos vosotros. Veo un antiguo hilo de aguas que descendían de las montañas. Regalo de los cielos.
Ahora está bajo vuestras cabañas modernas. Pasto de las ratas. Seres que un día también fueron gráciles.
-¿Y a la izquierda?-Pregunto el hombre con ansia- ¿Qué hay en esa urbanización?
- Allí...veo a mi padre y mi madre.
Recuerdo el día que fui concebido. La brisa me levantó de las ramas junto a mis hermanos y me trajo hasta aquí. Donde caí y germine como muchos otros árboles.
La recuerdo con sus verdes hojas. Era la mas hermosa del bosque.
Mira ahora, lo que hubo. Mira ahora, lo que hay.
Muchos montes como sobre el que descanso yo han desaparecido. Y algunos ya solo pueden asomar sus desoladas cimas, tragados por vuestros inventos. Por vuestras casas.
Os extendéis como una infección que crece arrasando todo cuánto hay alrededor. Os coláis en nuestro sistema desequilibrándolo. Antes nuestros hogares estaban juntos, hechos algunos de los otros y todos vivos. Ahora nos matáis y expulsáis, declarando ser dueños.
Veo que mi tiempo aquí se agota. Que solo soy un viejo espíritu recordando aquellas épocas. Un alma atrapada sin poder moverse, que ve como vuestras excavadoras cada día están mas cerca de mi.
Veo como algunos creéis amar aún nuestra presencia, pero vuestra frialdad es tal, que ya no podéis oír el llanto de cada árbol que cae. Obligasteis a los roedores a comer de vuestros residuos, y aún los odiáis al verlos. Habéis substituido el canto de las aves por ruidos que hasta a vosotros os atormentan. Y están tristes, muchas de vuestras parejas bailaron antiguamente bajo sus cantos, y ahora están olvidados...
no tienen propósito.
Como si estuviera frente a un cadáver con cuchillo en mano, el hombre se encontraba estremecido. Una fuerza invisible le estrujaba el corazón tanto, que creía no sentir siquiera sus latidos.
Notaba una extraña sensación como el frío, aunque el sol aún regaba la tierra.
-N...no, no se que..¿Pero yo...?-Tartamudeaba torpemente, no tenía qué decir.
Un impulso de querer sanar una gran injusticia le recorría mente y alma, pero a la vez, reconocía su impotencia.
Al poco, se apreció el ruido de arranque de unas moto-sierras, y ese peculiar sonido de algún vehículo dando marcha atrás. Aquello le exaltó mas. Fue como reconocer una maldición próxima que avanzaba imparable.
Empatía. Por unos momentos creyó ser un árbol mas con la posibilidad de moverse.
Pensava en bajar a la ciudad y explicar toda esa historia de los ante pasados a la gente para parar las obras constantes, para parar el cáncer. Pero sabía que no había nada que el pudiera hacer. Y además, era la hora de volver a su "hogar".
-¡Yo no quiero que esto pase! tiene que haber alguna forma- Dijo el hombre.
-Tube mucho tiempo en idear soluciones mientras veía mis amigos caer, secarse los ríos y morir mis padres.
No la hay.
Creí durante un tiempo que algún día os sería suficiente y pararías satisfechos en vuestras obras, mas luego comprendí que esto está en vuestra naturaleza.
El hombre se colgó su mochila del hombro, aunque una parte suya renegaba en abandonar el lugar.
-No voy a abandonar esto, volveré- Afirmó el hombre como si eso fuera a cambiar algo.
Se escucho un débil reir.
-Quizás la próxima vez ya no nos encontremos- respondió la voz.
-¡NO! ¡Tenemos que hacer algo!- Algo de histeria se mezclo en sus palabras.
- Tu puedes intentarlo, eres persona. Haz lo que bien te parezca. Yo solo puedo quedarme aquí,
y esperar.
Al fin y al cabo no soy nada... tan solo, un árbol."
"Hay veces que apetece cambiar el asfalto por tierra.
Sintió ese impulso, así que asió su mochila, un bocata y algo de beber y empezó su camino hacía aquellas protuberancias verdes que se veían entre esos bastos cubos llamados edificios.
El pobre civil se sentía aventurero. Creía que iba a respirar aire mas puro.
Las cuestas en la montaña hiciéronse notorias, y mas, con el calor del radiante sol.
Las brisas eran escasas, como los comerciales honrados.
Aunque el lo asimilara a un Everest, dada la poca altura de aquél monte no tardó mucho en llegar al punto mas alto, donde un camino rural se extendía por el lomo de aquel montón de tierra.
Ese camino le dio la sensación de seguir aún en una zona civilizada. Así que decidió perderse.
Tras un buen rato de duras batallas contra los salvajes matojos, y algún que otro supuesto oso que al final no fue mas que un gorrión entre la maleza, llegó a un claro no muy grande, pero lo suficiente para dar cabida a un árbol que no lograba identificar. Lo mas científico que conocía era "Césped".
El árbol ofrecía una tentadora sombra que no pudo rechazar.
Se sentó, y se quedó observando la ciudad. Tan ordenada en los mapas municipales... tan caótica desde allí.
De repente, alguien que parecía estar yacido a su lado preguntó:
-¿Que ves?
Se exaltó, dado que creía que ningún otro ser humano hubiera osado cruzar la selva en la que el anduvo.
Y efectivamente, no había nadie mas. Tan solo, un árbol.
No sabía el porqué, pero aquella pregunta se coló en su mente como a un reto que debía contestar.
-Veo, una ciudad grande. Llena de edificios... Con coches, y...-
Tenía el deseo de soltar una buena presentación de aquella ciudad pero, aún llena de tantas cosas, de repente pasó a ser algo muy lleno enormemente vacío.
La voz se escuchó de nuevo:
- Hubo una época, en la que vivíais entre nosotros. Vuestras casas eran hechas de nuestras ramas y vuestros techos de nuestras hojas. Os alimentabais de nuestra madre tierra, como nosotros.
Vuestros hijos escalaban por mi cuerpo aunque les costara una regañina por parte de vuestras hembras.
Nuestras raíces sobre-salidas eran vuestros bancos, y en algunos mediodías, vuestras camas.
Erais admirables. Hasta tallabais y doblabais nuestras maderas creando extraños artefactos que producían unos sonidos que nos impulsaban a crecer mas rápido y esbeltos. Los pájaros cantaban con vosotros.
Nunca imaginamos que realmente no pertenecíais a nuestro ecosistema.
Como quien observa un sonido en el aire, el hombre aún digería esas palabras y su ciudad, cada vez tenía menos sentido. No sabía el porqué, pero tubo que lanzar una pregunta al aire:
-¿Y qué ves tu entonces?
-Mira a la derecha, ¿Ves aquellos tres edificios tan altos?- Dijo esa voz.
-Los veo- Respondió el hombre fijando su vista en ellos.
-Veo un antiguo valle donde los ciervos pastaban junto a los adormilados caballos. ¿Ves aquél centro comercial de las luces rojas en el centro?
-¿Qué es?- Preguntó el hombre aún con mas intriga.
-Es antiguo río. Reino de los salmones y tortugas. Zona de reposo de las aves. Agua de donde bebía toda alimaña, incluidos vosotros. Veo un antiguo hilo de aguas que descendían de las montañas. Regalo de los cielos.
Ahora está bajo vuestras cabañas modernas. Pasto de las ratas. Seres que un día también fueron gráciles.
-¿Y a la izquierda?-Pregunto el hombre con ansia- ¿Qué hay en esa urbanización?
- Allí...veo a mi padre y mi madre.
Recuerdo el día que fui concebido. La brisa me levantó de las ramas junto a mis hermanos y me trajo hasta aquí. Donde caí y germine como muchos otros árboles.
La recuerdo con sus verdes hojas. Era la mas hermosa del bosque.
Mira ahora, lo que hubo. Mira ahora, lo que hay.
Muchos montes como sobre el que descanso yo han desaparecido. Y algunos ya solo pueden asomar sus desoladas cimas, tragados por vuestros inventos. Por vuestras casas.
Os extendéis como una infección que crece arrasando todo cuánto hay alrededor. Os coláis en nuestro sistema desequilibrándolo. Antes nuestros hogares estaban juntos, hechos algunos de los otros y todos vivos. Ahora nos matáis y expulsáis, declarando ser dueños.
Veo que mi tiempo aquí se agota. Que solo soy un viejo espíritu recordando aquellas épocas. Un alma atrapada sin poder moverse, que ve como vuestras excavadoras cada día están mas cerca de mi.
Veo como algunos creéis amar aún nuestra presencia, pero vuestra frialdad es tal, que ya no podéis oír el llanto de cada árbol que cae. Obligasteis a los roedores a comer de vuestros residuos, y aún los odiáis al verlos. Habéis substituido el canto de las aves por ruidos que hasta a vosotros os atormentan. Y están tristes, muchas de vuestras parejas bailaron antiguamente bajo sus cantos, y ahora están olvidados...
no tienen propósito.
Como si estuviera frente a un cadáver con cuchillo en mano, el hombre se encontraba estremecido. Una fuerza invisible le estrujaba el corazón tanto, que creía no sentir siquiera sus latidos.
Notaba una extraña sensación como el frío, aunque el sol aún regaba la tierra.
-N...no, no se que..¿Pero yo...?-Tartamudeaba torpemente, no tenía qué decir.
Un impulso de querer sanar una gran injusticia le recorría mente y alma, pero a la vez, reconocía su impotencia.
Al poco, se apreció el ruido de arranque de unas moto-sierras, y ese peculiar sonido de algún vehículo dando marcha atrás. Aquello le exaltó mas. Fue como reconocer una maldición próxima que avanzaba imparable.
Empatía. Por unos momentos creyó ser un árbol mas con la posibilidad de moverse.
Pensava en bajar a la ciudad y explicar toda esa historia de los ante pasados a la gente para parar las obras constantes, para parar el cáncer. Pero sabía que no había nada que el pudiera hacer. Y además, era la hora de volver a su "hogar".
-¡Yo no quiero que esto pase! tiene que haber alguna forma- Dijo el hombre.
-Tube mucho tiempo en idear soluciones mientras veía mis amigos caer, secarse los ríos y morir mis padres.
No la hay.
Creí durante un tiempo que algún día os sería suficiente y pararías satisfechos en vuestras obras, mas luego comprendí que esto está en vuestra naturaleza.
El hombre se colgó su mochila del hombro, aunque una parte suya renegaba en abandonar el lugar.
-No voy a abandonar esto, volveré- Afirmó el hombre como si eso fuera a cambiar algo.
Se escucho un débil reir.
-Quizás la próxima vez ya no nos encontremos- respondió la voz.
-¡NO! ¡Tenemos que hacer algo!- Algo de histeria se mezclo en sus palabras.
- Tu puedes intentarlo, eres persona. Haz lo que bien te parezca. Yo solo puedo quedarme aquí,
y esperar.
Al fin y al cabo no soy nada... tan solo, un árbol."
domingo, 10 de marzo de 2013
Carta 6 - Historieta 2
" Corría por aquél gran parque, sólo por sentir el aire fresco en el rostro.
Su mente insistió en que llevara pantalones cortos.
Miraba alrededor y se fascinaba en lo azul que podía llegar a ser el cielo.
Los árboles se pasaban el día bailando con el viento.
Su sonrisa se mantenía constante mientras andaba observando sus pasos con las manos en los bolsillos.
El niño se consideraba feliz, para el todo era un regalo y había significado en cada ocurrencia de la vida.
Recordaba todas aquellas veces que al llegar al semáforo se ponía en verde sin tener que pararse.
Las veces que su número favorito aparecía en algún lugar.
Contaba cuántos amigos tenía. Llevaba su camiseta favorita.
Se acercó a un lago no muy ancho con algún que otro pato en su superficie, donde un puente de madera se agarraba a cada extremo de las orillas.
Quería cruzar aquel puente dando saltos, como a el tanto le gustaba.
Pensó que si se soltara el puente, el lago se ensancharía. Rió.
Sería como el botón de la camisa de un gordo que saltaba por los aires a causa de la presión de la panza.
Alguien salió de debajo del puente.
Sus ropas parecían algo sucias, cigarrillo en boca y con un gorro en la cabeza. ¿No hacía demasiado calor para llevar un gorro?
-¿De que ries tanto chaval?
- Pensaba que si el puente se rompiera el lago se haría mas grande - Se le escapó otra sonrisa.
- Si eso ocurriera no pasaría nada. Harían otro... no se qué te hace sonreír así..
- A mi me ha hecho gracia... no se. ¿Y ha usted que le hace sonreír?- Preguntó con curiosidad.
- Hace tiempo que dejé de sonreír. No existen motivos para hacerlo pequeño...
- Si que hay muchas cosas para sonreír. Yo sonrío con muchas cosas. Me gusta cuando veo mi número favorito en alguna portería, cuando pienso lo guai que es llegar a un semáforo y que justo se ponga en verde... hay muchas cosas especiales.
Dando un suspiro, el hombre dejó de observar el lago y se giró mirando al muchacho con una cierta tristeza ajena. Escupió el cigarrillo.
- Hubo un tiempo en el que yo también sonreía por esas estupideces.
Sonreía cada vez que escuchaba una canción que me gustaba en algún super-mercado ¡Y cuánto mas si ponían mi favorita!
Creía que era algo increíble cuando encontraba mi marca favorita de horchata en alguna tienda. Y mil cosas habían que, cuando sucedían, las tomaba como "señales" que me alegraban. Pero eso es tan solo una fantasía inútil que solo te ciega de la realidad.
-¿Y cuál es esa realidad?- Preguntó el niño con una cara que aún no asimilaba lo oído.
- Te voy a proponer algo chico. Coge en una hoja, y escribe todas las ocasiones que vivas que consideres especiales como llegar a un semáforo justo cuando se pone en verde -Hico una breve pausa, pero siguió con su propuesta antes de que al niño le diera tiempo a sonreír al pensar lo que guai que eso sería- Y en el otro lado de la hoja, en la derecha o la izquierda, no importa, anota todas aquellas ocasiones en las que pudo ocurrir algo especial, pero que sin embargo no lo fue.
Entonces, verás la realidad.
El chico ni si quiera pudo asentir antes de dar media vuelta, porque no acababa de entender a aquel hombre. Pero la propuesta le pareció divertida y se propuso llevarla a cabo.
Empezó a anotar todo cuánto pasaba.
A la izquierda de la hoja, las ocasiones que algo que podría haber sido especial no lo fue, y a la derecha, las cosas especiales que le habían pasado.
De hecho, la primera nota fue de aquel mismo día. "Al llegar del parque, mi madre me ha preparado un colacao frío con mucha espuma. Como a mi me gusta".
Pasaron tres días y la hoja se iba llenando.
Al quinto día, tras salir del colegio, se le ocurrió ir al parque a buscar al hombre para pedirle explicaciones. Seguía sin entender esa realidad.
Llegó al puente cansado, había ido corriendo por el camino del parque. Sonriendo, cómo no.
Esta vez el hombre estaba al otro lado del puente, sentado en un banco. El chico cruzó la estructura y se acercó.
-Hola señor ¿Se acuerda quien soy?
-Se quien eres, ¿que haces aquí?- Ni siquiera le miraba. Solo le dedicó una mirada de reojo.
-He hecho la lista que me dijiste, pero aún no entiendo muy bien qué quiere decir así que he venido para que me lo expliques- Entretanto sacó la hoja doblada de su bolsillo y la abrió.
- Dime chaval, de las dos columnas cual es mas larga, ¿La de cosas especiales, o la de cosas no-especiales?
- Pues la de las cosas no-especiales- Contestó extrañado.
-Exacto, esa columna siempre es la mas larga -Se giró alargando su brazo por el respaldo del banco-
La gente y algunos niños como tú creen que vivimos en un mundo guai solo porque, a veces, ocurren cosas especiales. Les parece divertido que la puerta de los trenes se les pare justo delante de ellos. Son unos inconscientes -Suspiró indignado-
¿Y que hay de todas esas veces que algo pudo ser especial y no lo fue?¿Cuantas veces has tenido que esperar a que el semáforo se ponga en verde?¿Cuantas veces has tenido que soportar esas malditas canciones en la radio que tanto odias?
Dinero que podrías haber encontrado en la calle.
Semáforos que se ponen en rojo solo llegar tu.
Móbiles que de haberlos atrapado, no se habrían roto contra el suelo.
Partidos políticos que de no haberlos botado, no estaríamos así.
Las veces que mama pudo hacerte tu comida favorita y te preparó verduras.
La realidad, machote, es que en esta vida no ocurren cosas especiales, si no cosas que pudiendo ser guais, son chustas. Solo ocurren "columnas izquierdas"y de vez en cuando,
una pequeña "derecha" para hacerte creer que existen motivos para sonreír y seguir la corriente.
Una vez hice una lista como la tuya y me di cuenta.
Seamos justos. Si las veces que pasaba algo especial me ponía contento, ¿Como tenía que estar cuando no ocurriera?
No vale la pena hacer caso a tonterías como las que puedas escribir a la derecha de tu hoja. La verdad es que al final siempre ocurren mas cosas aburridas y puñeteras...
El hombre se fijó extrañado en el muchacho que sonreía.
-¿Que le ves de gracioso a esto?- Le preguntó.
- Mi comida favorita son las verduras."
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